Este es el final de la historia
En ese momento llegaron a la morada. Vieron a Mary y sospecharon de que fuese una hechicera por su collar. Nada más vieron salir al Rey Alexander y a Aaron, cogieron a la mujer por los brazos.
- Soltarla de inmediato. - dijo Aaron dispuesto a pelear con ellos.
- Estan bajo mis órdenes, no bajo las vuestras, bastardo. - dijo el Rey. - Nos volvemos a Snowland a planear un ataque contra este territorio después de intentar matarme, pero antes, solucionaremos este asunto sobre la hechicera.
Dicho eso, todos emprendieron el viaje de regreso a Snowland. Mary iba atada sobre un caballo junto a uno de los guerreros. Aaron se mostraba preocupado, no sabía que le podría pasar a ella y si él, por defenderla, le harían algo.
El camino de vuelta fue parecido a la ida. Monstruos atacandolos, tanto de día como de noche, pero ya sabían donde podrían acampar y obtener suministros para alimentarse y descansar.
Una vez llegaron, metieron a la hechicera dentro de las mazmorras, la ataron bien para que no pudiese usar sus poderes. Aaron, por defenderla, recibió su castigo con cien latigazos delante del pueblo. Una vez castigado, fue a la curandera Janet y ésta le curó. Tenía pena de no poder ayudar a Aaron porque ella le tenía mucho aprecio y se habían vuelto amigos aunque ella sentía cosas por él.
En un impulso, ella lo besó y le dijo todo lo que sentía por él, pero Aaron le dejó las cosas claras; no sentía lo mismo que ella por él pero que podían seguir siendo amigos. A Janet, saber eso, no le gustó nada aunque sabía que Aaron le había hablado de una mujer que le gustaba. Así que Janet se puso a seguirlo durante días, cuando tenía oportunidad de tomarse un descanso, y uno de esos días, vio como Aaron se adentraba hacia las mazmorras sin ser visto.
Comprobó que él iba a ver a aquella hechicera llamada Mary.
Él intentaba sacarla de allí pero no tenía ni las llaves ni material para abrir las rejas. Le juró que pronto la sacaría de allí fuese como fuese, aunque le costara la vida; y fue a visitarla casi cada día.
Janet, cuando vio que Aaron salió a cazar por que el Rey se lo ordenó, cogió la comida que la cocinera había preparado para Mary, y se la llevó.
- Buenos días Mary. Soy Janet, la curandera. - le dijo mientras abría las rejas y se adentraba en la celda. - Hoy Gabi no puede traeros la comida, está muy ocupada preparando los manjares para el Rey y su futura mujer; así que he venido yo a traerla, seguro que tenéis mucha hambre.
- Futura mujer? El Rey se va a casar? - dijo Mary mientras la observaba por que no se fiaba de Janet.
- Si, vino hace cinco días, una mujer hermosa, de familia noble, junto a su padre, para que se produjera el enlace ante ambos clanes. Que bonito ¿verdad? Me parece que cada día están más enamorados. Dime… vos estáis casada? - dijo Janet mientras se paseaba por la celda y la observaba.
- No, no lo estoy.
- Y… tenéis a alguien en vuestra vida que os caliente el lecho?
- No os incumbe. Gracias por los alimentos, ya os podéis marchar.
- Creo que si me incumbe, furcia. - Janet le agarró del pelo y con rabia siguió hablándole. - qué es lo que tenéis con Aaron? Solamente le calentáis la cama, no?
- Soltadme o haré…
- Me mataréis con vuestros absurdos poderes, bruja? Aaron es mío. Se casará conmigo mientras vos morís en la hoguera. Tarde o temprano, eso se hará realidad y podréis vernos felices desde el cielo. - djio Janet.
- Eso está por ver. - Mary le escupió en la cara y Janet le abofeteó y se fue de nuevo a sus quehaceres.
Cuando pudo, Aaron volvió a visitar a Mary. Ella le contó el encuentro que tuvo con Janet y eso a él le enfureció, ya no volvería a confiar nunca más en Janet y la tendría vigilada por si se volvía a acercar a su amada sin que nadie la viera.
Los días pasaron y en el castillo se celebró una gran boda; el Rey Alexander con la hermosa Escarlet, hija de un Lord y de família noble. Durante el baile, donde muchos guerreros bebían y bailaban y algunos se iban con hermosas mujeres, Aaron aprovechó para robar las llaves de las mazmorras y sacó a Mary del lugar. Se fueron ambos con un caballo, lejos del lugar, donde nadie podría encontrarlos; por supuesto, Aaron se llevó provisiones para poder sobrevivir al menos durante uno o dos meses.
Hicieron una vida juntos en una aldea donde los acogieron, sin importar que fuesen forasteros. Los consideraban del clan ya que ella ayudaba a crear vestidos, trajes y hacía de curandera; mientras que Aaron enseñaba a los pequeños a luchar y a defenderse contra cualquier monstruo.
Mary se quedó embarazada así que antes de dar a luz, ella y Aaron se casaron. Fue una boda donde acudieron todos los de la aldea y ese día, fue inolvidable.
Mientras tanto, en el castillo de Snowland, el Rey Alexander ya había sido padre, de un barón sano y fuerte, y llevaba tiempo buscando a Mary y a Aaron para matarlos por haber huido. Se fue junto a sus guerreros y tuvieron que defenderse de los monstruos y también de clanes enemigos. En esas batallas, Alexander perdió a varios hombres pero nunca se dió por vencido.
Mary dio a luz a una pequeña niña, hermosa y de pelo violeta como su madre, con los ojos y la fuerza de Aaron, la cual la llamaron Keila.
Cuando Keila cumplió los tres años, ella y su madre se hallaban en un río, lavando la ropa, obviamente, Keila solo jugaba mientras Mary la vigilaba y se encargaba de lavar.
De repente, un guerrero cogió a la pequeña y ésta empezó a llorar y a llamar a su madre.
Mary con sus poderes, sin que se enterase el guerrero, los usó para que él la soltara. La llevó rápidamente a la aldea y avisó a Aaron de lo que ocurría. Allí ya no estaban seguros.
Cogieron sus pertenencias y provisiones y los tres se fueron de la aldea sin avisar a nadie.
El Rey Alexander, empezó a preguntar si los habían visto y todos mintieron, les dijeron que nunca los habían visto pero un guerrero encontró en la casa de Mary y Aaron, el collar de Mary. Alexander los interrogó a todos y como ninguno decía la verdad, empezó a matar a todos los hombres menos a uno, el único que vio marchar a Mary y Aaron con la pequeña Keila.
Alexander se encaminó junto a sus guerreros y siguieron unas huellas de caballo muy recientes.
Al cabo de cinco días, Mary y Aaron se cobijaron en una cueva junto a su hija pero ella tenía un mal presentimiento, seguro que tarde o temprano, el Rey los encontraría allí pero no le dijo nada a Aaron, ya bastante tenía con todo lo que les estaba pasando; la pesadilla que intentaba evitar a toda costa pero no sería fácil volverse a librar de ello.
Al fin, Alexander y sus guerreros los encontraron. Aaron intentó hablar con ellos para poder proteger a su mujer y a su única hija.
Mary lo escuchaba todo, mientras tenía a su pequeña abrazándola.
Justo en el momento cuando el Rey ordenaba que los guerreros atacaran a Aaron, Mary, con sus poderes, creó un círculo de fuego que era un portal en una de las paredes de la cueva.
- Aaron, corred hacia el portal! - dijo Mary. - Confiad en mí.
Él la miró, miró el portal y seguidamente miró a los guerreros, cuando casi lo iban a atacar con las espadas, él corrió y se metió dentro del portal.
- Maaaryyy! - gritó Aaron desde allí pero de repente, el portal se cerró y miró a su alrededor. Estaba en una habitación, él ya se había encontrado, tiempo atrás, en ese sitio.
De repente, alguien le golpeó en la cabeza y calló al suelo. Su vida en aquel siglo, pasó rápidamente, como un rayo.
Pasó un mes y por fin abrió los ojos de nuevo. Miró a su alrededor y estaba en una habitación de un hospital. La enfermera en aquel momento entró a cambiarle el suero.
- Buenos días, por fin despertaste. - dijo la enfermera sonriente y él la miró.
- ¿Mary? ¿Eres tú?
- Te equivocas, Aaron. Soy Marina, tu enfermera. Llevas casi un año en coma. Tu familia viene todos los días a verte. No creo que tarden en llegar.
- ¿En coma? ¿Que me pasó?
- Según me han comentado, estabas en un avión y éste tuvo problemas dentro de una tormenta y se estrelló. Buscaron supervivientes y solo tú tenías un poco de pulso así que te trajeron hasta aquí.
- No es posible… yo… yo estuve en otra época, tengo que volver. Tengo a mi familia y a mi hija allí. - intentó levantarse pero Marina se lo impidió.
- Otra época? De qué estás hablando, muchacho? Nadie nos dijo que tienes mujer e hija. Creo que no te encuentras bien. - dijo mientras le ponía un calmante.
- Te digo la verdad. Quiero salir de aquí!! Maaaryyyy. - gritó desesperado. El doctor llegó y lo examinó.
La familia estuvo a su lado durante todo el tiempo. Él tenía dudas; si había estado en aquella época o si en realidad había sido un sueño. Lo que más le extrañaba es que Marina tenía la misma cara, el mismo pelo y la misma forma de expresarse que Mary.
¿Habría sentido la voz de Marina en su interior y por eso se imaginó que era Mary en el sueño?
Le dieron el alta y pudo marcharse a su casa. Estuvo dos semanas intentando distraerse pero no dejaba de pensar en todo lo ocurrido. Si todo aquello había sido de su imaginación, había sido muy real y había sentido todo como si lo hubiese vivido en persona.
Una vez que volvió a la rutina, pudo hacer su vida normal hasta que pudo tomarse vacaciones después de casi un año trabajando y estudiando y volvió a viajar a Australia. En el avión se encontró con Marina. Por casualidad, les había tocado los asientos juntos.
Durante esas horas, ambos compartieron risas, anécdotas, pudieron conocerse más y comprobaron que se hospedarían en el mismo lugar.
Así pues, ambos fueron a conocer Australia juntos y en ese viaje, se enamoraron.
Aaron dejó correr aquella historia, porque llegó a la conclusión de que si había sido fruto de su imaginación ya que no tuvo pruebas de que hubiese sido real; y pudo construir una nueva historia y nuevas aventuras junto a Marina.
FIN
By: Sara Martos
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